anexo acuatico

hola peces y pescadas, mundo acuatico, espacio de agua. FLOTANTE, posible.

Apenas el rumbo de la corriente, es tan fácil sumarse como alejarse.Planctón, algas, alimento no falta. Permanecer es un acto de amor; participar, pura generosidad. Un solo nombre,un equipo, cardumen. Anexo, el que esta cerca. Muy cerca.

mucho trabajo para mucha gente



muestra colectiva

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martes, 13 de abril de 2010

NaturalezaOverFlowException


La naturaleza pide un descanzo.
Mientras … se tilda, muestra errores, se alentece
Esta avisando.

viernes, 27 de noviembre de 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

miércoles, 8 de julio de 2009



De la serie "Diluciones"
Grafito sobre papel
30x40 cm
de Clara

martes, 13 de enero de 2009

arlequina





el tiempo,
máquina bestial,
no se detiene,
el tiempo,
ficción encantadora
duración prometedora o demoledora
sigue rodeándonos, sigue, se perpetúa,
vuelve, da la vuelta a la esquina.

enero en Buenos Aires tiene una ventaja, o al menos una, el subte circula semi-vacío; se puede viajar leyendo, apoyada contra la pared del primer vagón y oyendo no atentamente (oir no es lo mismo que escuchar, alumna, usted oye pero no escucha ¿me escucha?) a los maquinistas que discuten acaloradamente mientras mueven una (siempre veo una) palanca. Ella bajó en 9 de julio conmigo; hizo la combinación con la línea C hacia Constitución; entonces solo alcancé a ver su collar de arlequín, de madera coloreada; deseando fervorosamente que fuera mío, que estuviera en mi cuello, aunque también pensé si no sería tan incómodo como el collar que le regalé a Maus para navidad, quien al principio no se quejó del adorno verde brillante pero que me hizo pensar que había adquirido pulgas porque no dejó de rascarse el cuello hasta que se lo saqué y después por dos días más. El subte frenó en Independencia y bajé como acostumbro los últimos días (tanto la línea C como la E tienen en ese lugar una estación con el mismo nombre, curioso, no suele suceder), la chica arlequina caminaba nuevamente unos pasos delante, subía mecanicamente la escalera mientras leía un libro, y yo con mi libro naranja de Cortázar, con esas ganas de seguir leyendo su ensayo narrativo, pero no, no desarrollé ese don de lectura-subida-mecánica-por-la-escalera; esta imposibilidad me permitió contemplar más detenidamente a mi arlequina; llevaba una explosión de colores, una pollera azul, una remera verde con dos tiradores en lineas multicolores, su collar salvajemente decorado, y remataba el conjunto una cartera con un entrecosido de papeles, tiras de colores, muchos, muchos, no pude contarlos, pero estaba el rojo, el verde, el violeta, el amarrillo, el naranja. Cuando terminamos de subir la escalera ella guardó su libro, y rodeo amorosamente su cartera, protegiéndola, porque el peso del libro era más de lo que la pobrecilla podía soportar. Subimos la segunda escalera que nos saca de ese hoyo mal ventilado y nos conduce a la mismísima avenida 9 de Julio y en esta ocasión tuve la oportunidad de mirar sus pies, calzaba unos zapatos charolados en azul francia, muy de moda la temporada pasada, ella los llevaba con el resto de sus colores y qué importaba la temporada; bellísima, tenía el cabello sujeto por un elástico violeta. Salimos, ya en Independencia tomó la brusca decisión de cruzar la avenida; sin aviso previo; claro, en esta altura del año está reparación y completamente cortada, así que la seguí, por el solo hecho de seguir contemplándola desde atrás; una vez abordada la vereda regalome el gesto del día, soltó su elástico y dejo caer un racimo de bucles, perfectos, y como si esto fuera poco, sacudió su cabeza y comenzó a acomodarse uno a uno sus bucles, dobló en Tacuarí. Dobló en Tacuarí.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Sinópsis de Carmen por Ea



Sinopsis Clínica Carmen por Ea

La clínica de Carmen comenzó con una presentación digital, donde nos mostro cronológicamente obras nuevas y otras que iban para atrás en el tiempo, hasta el 2001.
Había dibujos en grafito monocromáticos, presentaciones en el observatorio, huevos pintados y proyecciones de dibujos lineales en la pared, como pudimos ver en la Galería Juana de Arco el año pasado.
En su clínica Carmen nos mostro dibujos recién enmarcados, realizados con lápiz de color y tempera.
Eran formas orgánicas, en degrade, con colores que iban en los tonos del rojo hacia el amarillo.
La selección de estos colores, nos conto, eran de acuerdo a las formas. Y que si hubiera tenido que usar degrades en tonos azules o verdes, las formas de sus dibujos serian otras.
Estos colores usados, tenían que ver con un movimiento específico de distintas energías de la materia.
Carmen le pone nombre a sus obras y estos están relacionados con el espacio, los protones, el cielo…
Nube de electrones.
Fotosíntesis espacial.
Agujero blanco…
Pero luego de varias preguntas que le hicimos, pudimos entender un poco más, qué es lo que le interesa a Carmen.
No es el espacio exterior, lo que esta afuera de la atmosfera (eso, le interesa también) pero quizás lo utilizó hasta ahora como excusa o tema de su obra.
Pudimos ver qué espacio y qué movimiento le interesan.
Es el espacio en la obra.
Los túneles, lo laberintos, que le espectador pueda recorrer, caminar su obra.
Los pliegues, los elementos blandos, los colores.
Y quizás los dibujos, son una obra previa a estos espacios tridimensionales o esculturas que no están hechas aun.
Entonces le pedimos que queremos que las haga.
Queremos ver las esculturas blandas, las telas trenzadas, los laberintos de Crimen para caminar por dentro.

alicia y los rutilantes



Según una traduccióń que circula últimamente por algunos lugares que comunmente se llaman librerías y que tienen en su haber mezclas de las más variadas de esos objetos llenos de sorpresas (de las buenas y las malas) que son los libros, Alicia descubre un jardín de rutilantes flores. Los rutilantes se cuelan ya por todas las aperturas; Alicia tuvo la desgracia de no poder hacer nunca coincidir su tamaño con la de la mesa y luego con la de la puerta; o ejecutar todos los pasos en un orden; talvez algún loco de esos a quienes les gusta la matemática diría, su algoritmo siempre dejaba un paso afuera; cuando era grande olvidaba tomar la llave o tomaba la llave cuando no era lo suficientemente pequeña como para pasar por la puerta; para aquellos que no nacen con el don del orden; talvez la vida les depara más cosas maravillosas y de ahí que Alicia corriera permanentemente tras su ganas de dar en aquel jardín.

Bien, quitando este paso por el jardín de Alicia y Alicia misma; tendremos que pensar en otras cuestiones; pero que esta vez afectan (sin perjudicarlos) a los rutilantes; para ello nada mejor que ilustrar con el siguiente paseo.

Dos rutilantes se encuentran en La Boca; en una proa más precisamente; navegan una muestra duchampiana que se despide con barquitos de papel; y que previo a la despedida los había logrado divertir con una viborita que recorría el cuerpo de otro que rutilancias no le faltaban por ningún lado. El paseo programado es largo; así que los rutilantes llevan consigo un mapa; con un recorrido previamente demarcado. Luego de desembarcar suben al 152 (es la línea de los rutilantes; ya está demostrado; el 152 tiene al 8; y el 8 tiene al uno, al dos y al tres; y esto es algo que los rutilantes encuentran exquisito) descienden independientemente por Paseo Colón; rodeados de ingenieros cantores que muestran sus destrezas por dos enormes altoparlantes). Se aventuran por el trayecto ya demarcado y compran jazmines, helados y un vestido verde; pero no llegan a destino, como a Alicia, el mapa y el lugar no coinciden; para ir a A, se acercan al vértice; cuando están a unos pocos metros; descubren que donde están yendo no es donde indica el mapa, entonces se alejan una distancia equivalente a la caminada hasta el punto B; cuando están llegando al punto B descubren que en realidad el mapa está equivocado y que tenían que ir efectivamente en la dirección de A pero un poco más abajo. Los rutilantes trazan entonces un perfecto triángulo; alguien que no entiende a un rutilante pensará en su despiste, en esta vida sin orden, presa del caos en la que viven; el rutilante sabe muy bien que esto no es así; que trazar triángulos los pone del mejor de los humores y que les permite olfatear alternadamente (primero uno y después el otro) los jazmines adquiridos.

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