
el viento mueve el pasto.
El rinoceronte camina sobre la tierra,
Cuatro patas en la tierra,
hola peces y pescadas, mundo acuatico, espacio de agua. FLOTANTE, posible.
Apenas el rumbo de la corriente, es tan fácil sumarse como alejarse.Planctón, algas, alimento no falta. Permanecer es un acto de amor; participar, pura generosidad. Un solo nombre,un equipo, cardumen. Anexo, el que esta cerca. Muy cerca.
mucho trabajo para mucha gente
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Espacio Fundación Telefónica: |
“Tocarle el ojo a la liebre muerta”, de Maxi Bellmann
“Dos ocasos”, de Juliana Ceci
“Tocarle el ojo a la liebre muerta”, un dibujo en línea negra y fina, sobre papel a4, sin enmarcar ni montar.
El cuerpo de una liebre recostada en un plano limpio de toda otra indicación o detalle, correspondiente al de la hoja de papel, y una mano que desde el “fuera de cuadro” aparece por el ángulo derecho inferior de la hoja con el dedo extendido para tocar el ojo de la liebre, ya en estado de descomposición.
“Dos ocasos”, un díptico compuesto de dos pinturas cuadradas pequeñas (18cm x 18cm cada una) montadas sobre un bastidor de importante espesor (dos pulgadas aproximadamente) sobre el que se continúa la tela pintada.
Sobre un fondo en degradé horizontal de colores que desaturan un rosado anaranjado hacia el gris de igual valor luminoso, se dibuja en línea clara el contorno de dos ramas de árbol sin el tronco, ramas aéreas como las que se perciben en las copas de los árboles contra el cielo.
La línea no es uniforme, se siente la carga y descarga del pincel fino.
El ocaso que nos sugiere el título de esta obra se sugiere en la elección del color del fondo, un rosa de atardecer del que va desapareciendo la luz, y por analogía en las dos ramas sin brotes.
El conejo de Bellman no está en el ocaso sino en la plena oscuridad de la muerte. Personifica la intriga que ella presenta ante los seres vivos, curiosos al punto de , como Santo Tomás, meter el dedo en la llaga para comprobar la veracidad del hecho. Mientras que en el dibujo de Maxi Bellman el espectador está representado a través de la mano que explora el conejo, en el doble ocaso de Juliana el espectador contempla la luz del cielo que huye.
En ambas obras la línea es protagonista, una negra sobre el blanco del papel, otra blanca sobre un fondo coloreado, ambos juegan en contraste con el fondo.
En las dos obras el “motivo”(en el sentido de “pattern”) es único y central, sin elementos de espacio perspectivado; el espacio se sugiere por la disposición de los elementos con respecto a los bordes del formato, y por las superposiciones y/o ocultamientos de las líneas entre sí.
Ambos muestran una postura frente a un elemento natural (un animal, un árbol) y la suspensión de la vida, y de las distintas actitudes que se toman frente a ella: la curiosidad, el asombro, la incredulidad; o la contemplación, la melancolía, y la crueldad de la resignación ante lo que debe suceder.
María Ibáñez Lago
Se distrae fácil, cambia de registro, aprovecha esa movilidad y transcribe: de la fotografía a las lanas, de las lanas a la pintura, de la pintura al dibujo, del dibujo a las palabras.
En ese cambio encuentra – y festeja- la gracia del proceso de creación, de vivir, de mirar y buscar y disfrutar los más pequeños gestos de lo cotidiano, de ciertos espacios bañados de cierta luz.
Obra: manta
Manta: infinito
Kayné dice que en su obra están todos esos elementos y seres. Ella los reúne así:
“Balcones como nubes como jardines colgantes”
”Manta infinita, refugio, protección que me cuida y que cuida a los demás. “
“Luz en la naturaleza, fría, blanda, difusa.”
Parte de la mancha como antes lo hacia con las palabras en Alemán cuyo
significado desconocía. Lo entiendo como una creación dialéctica, en
tanto que Eleonora estimula la materia; la materia reacciona produciendo
una forma, esta forma es el estimulo para Eleonora quien vuelve a
estimular con soplidos y, así, va consiguiendo formas ramales que se
convierten en cabelleras carnosas, más adelante en criaturas que habitan
lugares en donde la luz no penetra en donde el agua no fluye, se estanca.
Por debajo de la tierra sucede todo.
Como ejercicio comenzó a dibujar un royo de maquina registradora
(Para sacarse los vicios dice)
El royo es un instrumento en donde dibuja libre, dibuja suave agarrando
el lápiz desde arriba con los ojos cerrados, con la mano izquierda.
Del cual después extrae las figuras bacterias que utiliza en otros
soportes.
Transparencias, papeles blancos de poco gramaje y telas. Pintura
traslúcida capas de materiales frágiles, el trazo finito… suave casi
invisible. Lo contrapone con el espíritu obscuro carnívoro del jardín de abajo
El trazo la morfología, es muy similar a cuando trabajaba con las
palabras como estimulo
Cuenta un jardín subterráneo de criaturas
La información necesaria ya existe en el encuentro básico e íntimo con la materia y en el modo de relacionarse en el hacer más primario. Ahí esta la semilla que contiene potencialmente lo que constituirá al artista como tal y su ser social. La experiencia del espacio en el trazo primero conlleva en si misma la calidad de la experiencia que constituye la intención del artista y su posibilidad de tomar una posición en relación al otro, al entorno y a la historia del arte. Este modo de ser en relación al trabajo determina la elección del medio, lo atraviesa y lo elimina como prioridad.
diana aisenberg